Apesadumbrado, entró en su habitación, con el ceño fruncido, el puño apretado y los nervios a flor de piel. La estancia estaba totalmente a oscuras, pero a él no le importó; se recostó sobre la puerta y se dejó caer, quedando sentado en el suelo con la espalda pegada a ella. No quería pensar en nada, ni en nadie. Pasado un rato, mientras seguía sumido en sus pensamientos, oyó un golpe sordo seguido de una queja apagada con voz femenina. Volvió a la realidad, enarcó una ceja y se levantó. Sin una palabra, buscó la vela del escritorio, sacó una cerilla de su cinturón, la frotó contra la burda madera y prendió la vela. Entonces, la oscuridad de la sala se sustituyó por una tenue luz anaranjada, que tampoco permitía ver todos los recovecos de dicho cuarto. Sin embargo, era lo suficientemente intensa para que Diaco pudiera ver detrás de la mesita de noche a una persona temblorosa, cabizbaja y con temor de que le vieran. Entrecerró los ojos para intentar distinguirle, pero entonces la persona asomó los ojos por encima de la mesita, y Diaco pudo ver claramente de quién se trataba. Entonces, la expresión de asombro y mosqueo se sustituyó por una tonta sonrisa característica de un enamorado.
-Si intentas darme una sorpresa por la noche, procura hacerlo mejor. - dijo, aún sonriendo. Aquella persona se trataba de una muchacha, de estatura baja y cuerpo menudo. Tenía un pelo largo hasta un poco más allá de los hombros, liso y rubio, con algún que otro rizo en los extremos. Sus ojos eran verdes como la esmeralda, al igual que los de Diaco, pero más brillantes incluso. Una boca pequeña, pero que inspiraba una gran confianza y siempre tenía dibujada una sonrisa infantil pero que detonaba madurez al mismo tiempo. Un cuerpo bastante desarrollado y unas curvas que muchas muchachas desearían tener. La muchacha también sonrió, y salió tímidamente de su "escondite".
-Temía que con "la sociedad es una mierda" y "su gente lo es más" también te refirieras a mí... - murmuró. Diaco acentuó su sonrisa, apoyó las manos en sus hombros y dijo:
-Sería completamente incapaz de odiarte, Ellen. Te amo.
Después le rodeó con los brazos, se arrimó a ella y la besó.
Va por tí, Tina.
Que bonito, no?
ResponderEliminarIntenté hacerlo tan bonito como tú, pero es imposible, no llego a tanto :)
ResponderEliminarLo haces y mucho mas♥
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